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God's hand from the clouds and man's hand

5.16 ¿Cómo nos preparamos los Cristianos para la muerte?

Dios y el desastre

Aunque sabemos que vamos a morir algún día, la posibilidad de nuestra muerte puede causarnos mucho miedo. En muchas sociedades modernas, la muerte ha sido sacada de la esfera de nuestra vida diaria. Esto hace que la confrontación sea peor cuando de pronto tenemos que enfrentar nuestra muerte o la de un ser querido. También hace que la muerte nos pueda encontrar absolutamente desprevenidos. Por muchas razones es bueno estar preparados para el momento de nuestra muerte. Aunque estadísticamente podemos tener muchos más años de vida terrenal, el desastre puede golpernos en cualquier momento. Entonces, qué alivio es el saber que Jesús vino a decirnos: “Yo soy la Resurrección y la Vida. Aquellos que creen en mí, aunque mueran, vivirán” (Juan 11, 25). 

 

Cinco formas de prepararse para la muerte

1. Enfrenta la realidad de que morirás, pero hazlo con gran esperanza (Rom 5, 5): Jesús promete que una mejor vida está por venir. No es necesario aferrarse a la vida de manera poco realista. 

2. Vive cada día como si éste fuese el último. Ésta no es una forma de vida mórbida, pero es una gran ayuda al elegir cosas importantes como el amor y la bondad, en vez de cosas más superficiales o egoístas. Eso te ayuda a vivir tu vida más alegre y agradecido, disfrutando completamente la vida que Dios nos dio.  

3. Haz de Dios parte de tu vida diaria: ora regularmente, pide su ayuda, agradécele y pide su perdón. Regresa a menudo a los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación – y la Unción de los Enfermos si es necesario. 

4. A la hora de tu muerte, ríndete a Dios: pide los sacramentos y la oración de aquellos que están cerca, y pídele a los santos que oren por tí.

5. No temas: Jesús está contigo en cada paso del camino y la misericordia de Dios es más grande de lo que puedas imaginar. Tus seres queridos se quedarán, pero Jesús te acompañará aún más allá del umbral de la muerte, donde el Padre está esperando por tí.

Vive con la realidad de que un día vas a morir y abraza la esperanza de la vida eterna que Dios quiere para tí.